Cajón Desastre

música

Tags: #OT #música #JuanjoBona

Yo no iba a ver OT este año. Empecé porque quiero mucho a mi hermana y a una amiga y a ellas les estaba encantando. Y cuando te vi cantando por Bruno Mars me enganché a tu voz y a lo que eras en el escenario. Y aquella semana en el 24h me pasó un poco como a Martin (salvando todas las distancias) me atrajo muchísimo tu energía. Eres magnético y por eso me molestaba tanto escuchar al jurado decirte que no transmitías. Y me dolía verte creerte aquella gilipollez con lo inteligente que eres. No entendía mucho que alguien con tantísima personalidad como tú, con un cerebro como el tuyo, que piensa así de rápido, se dejase tanto hacer, opusiese tan poca resistencia.

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Tags: #música #SilviaPerezCruz

Es la tercera vez que veo a Silvia Pérez Cruz en directo. Siempre es inolvidable. Siempre hace un ejercicio de generosidad, de intensidad, de verdad, de amor por la música y por la vida que convierte sus conciertos en viajes.

Es la tercera vez que lloro en un concierto de Silvia Pérez Cruz. Las dos anteriores fueron las no tan raras lágrimas de emoción que nadie nota.

Esta vez he llorado de una forma imposible de disimular. Cuando ha agradecido a sus cocineras de la gira, después de 10 minutos dando las gracias uno por uno a un equipo de más de 30 personas y ha hablado de alimentar el cuerpo y el alma y la cadena que supone recibir ese alimento para poder entregarlo en el escenario ya no he podido aguantar más.

Luego ha dicho que es muy difícil ser público. Y nos ha agradecido la presencia. Ha insistido varias veces en que ellos harían música aunque no les viese nadie, pero que es mejor hacerlo así, con el Price lleno.

Justo después ha empezado “Nombrar es imposible” y la sobredosis de belleza de la que importa (meaningful que dicen los anglosajones) me ha desbordado.

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Tags: #música #random #rosalía

He visto la actuación de la Rosy unas 20 veces desde anoche. Entera. Casi 4minutos. Se me pasan en un suspiro y a la vez siento que me está contando una historia larguísima.

Empieza a cantar y hay una descarga en mi nuca y mis hombros. Un estremecimiento. Cuando ya me voy recuperando llega el “devoramos vivos como fieras” y vuelve.

Un poco después hay un amor gritado, cuando ya han empezado las palmas, y otra vez esas olas en las vértebras. El siguiente devoramos vivos no tiene nada que ver con el primero. Es otra historia. Solo esos dos matices tan distintos diciendo el mismo verso me parecería una genialidad pero es que encima está todo lo demás. Y cuando acaba me emociono. Cada vez. Aunque no la esté mirando los ojos aguados.

Que haya gente que diga que no le transmite absolutamente nada para proceder a decir que es que como la Jurado nada, me parece marciano. Porque entiendo q no te guste nada la versión. Pero creo que lo que les pasa a muchos es que les incomoda cuánto expone.

Es como esa gente a la que les molesta ver a otros besándose apasionadamente por la calle. Algo que para mi es un falso pudor y tiene más que ver con lo que no te atreves a expresar o quizá nunca has sentido. Pero eso es lo de menos. Porque la capacidad de incomodar desde lo frágil, hacer lo contrario que la Jurado que ponía esa coraza de aparente fuerza, me parece genial.

La Jurado escondía lo roto. Ella lo enseña. Te lo rompe en la cara cada vez. Ambas fueron dos decisiones artísticas. Ambas válidas y potentes cada una en su estilo. Yo creo que a la Jurado le habría flipado lo que ha hecho Rosalía.

Y creo que es una cosa simplísima si lo piensas. Jurado cogió a esa mujer rota de Alejandre y dijo: “no me da la gana de romperme, voy a convertir la canción en una armadura a puro grito”. Y lo hizo y es espectacular.

Casi 40 años después viene Rosalía y dice: bueno, venga. Vamos a romper la armadura. Vamos a enseñar lo roto y a ver qué pasa.

A mi me ha pasado de todo por el cuerpo. Y sobre todo ha conectado con algo muy personal que tengo, de lo que hablo muchísimo: lo que me hace fuerte es saber mis fragilidades. No necesitar esconderlas. El final de Rosalía me parece una genialidad. Una demostración de fuerza que envidio.

Tags: #Música #JuanLuisGuerra

Hay un brillo. Un juego con el ritmo. Qué pasa si un señor mayor (Juan Luis Guerra tiene 66 años) acelera la canción hasta un ritmo enloquecido. Mambo. En el baile siempre hay un brillo de piel y otro brillo de ojos. Lo que no se puede bailar simplemente no es música. Mal que les pese a algunos. También hay, como en Baptiste, ese otro juego. El radiofónico. Tanto hablar de plataformas y de que ya no hay discos porque las plataformas te fuerzan a sacar canciones. No como con las radiofórmulas que te ponen el disco entero por su orden, absolutamente contextualizado y sacralizado. Llevamos escuchando música así décadas y décadas. Los señoros siguen fingiendo nosequé para no tener que sacar la nariz de su ombligo. Mientras tanto Juan Luis Guerra, sin ser lo que ninguna consideraríamos un ejemplo de progreso, resulta que aquí sigue. Probando. Él le dio la vuelta a la bachata. Quitándole esa fama de música para pobres analfabetos caribeños. Analfabetos éramos nosotros pensando aquellas chorradas. Pero hemos aprendido. Lo del brillo. Lo del baile. Lo de girar en el mismo eje que otro cuerpo. Una mano que te guía sutil para volver al centro.

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Tags: #música

Este disco empieza con una canción ruidosa, con todos los instrumentos sonando a la vez y la voz de Glen con esa cualidad enloquecida de sus conciertos. Esa fiesta importante que forma cuando toca.

Sus conciertos son celebraciones emocionantes, una cierta forma de comunión laica. La etimología de comunión viene de Comunidad: encargarse juntos de las cosas.

El disco empieza ahí y pasa a ponernos de rodillas.

Otra vez ese comienzo de rock de los 80 o los 90 con sus sintetizadores. Algo oscuro. Político.

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Tags: #música #Xoel

Xoel siempre ha cantado muy muy bien. Eso es innegable. Pero es que cada vez canta mejor. Con su voz honda que se proyecta.

Dos cosas que, juntas, son más raras de lo que parece.

Pero no llevo ni 1 min y ya necesito mirar quién toca la batería. Y sé que no le conozco. Que me gusta.

El bajo también suena bonito. Me gustaría decir que reconozco a Campi pero mentiría. Sí es cierto que algo me remite a Drexler.

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Me mandan esto para convencerme de volver. 24 sg y ya me parece que la canción dura 2h. Y que cada uno va por su lado. Y que alguien va a perderse.

¿Seré yo que ya estoy cruzada? Porque esta canción me encantaba. Esta canción, esta misma que ahora me agota sin casi haber empezado, la primera vez, hace muchos años, casi 20, me hizo flotar. Recuerdo perfectamente aquel día, la ropa que llevaba, a qué olía, cómo me sentí, toda aquella magia que pudo con un recogevasos muy pesado. Con muchísimo ruido de fondo. La magia puede siempre con todo.

Me pregunto si estará el vídeo por ahí aun. Lo busco. No lo encuentro. Aparece en su lugar otro de Barna. 2007. Este

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Tags: #música

Rubel quiere hacer historia con este disco. Y sabe que la historia nunca se hace solo.

Se ha rodeado de muchísimos músicos. De muchísima gente.

Ha recorrido Brasil hasta lo fronterizo, lo mestizo, la mixtura.

Ha jugado con todos los sonidos desde lo obvio hasta lo inesperado.

El disco se llama las palabras pero debería llamarse los sonidos.

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Nick juega esa imagen de hombre distante, culto y pulcro que tiene todo siempre bajo control. Quienes escuchan sus palabras en vez de escuchar su música se pierden todo lo otro. Cuando Waterhouse toca, la pose se va por el desagüe. Siempre. Gracias al cielo.

The fooler es un disco que juega a ser oscuro. Literario. Misterioso. Conceptual. Digamos. Hay algo onírico o brumoso en todas las canciones.

Sobre todo es un disco juguetón, puede que después de Holly su disco más frágil entendiendo por frágil eso tan masculino de ver el mundo en función de las debilidades que muestras y las que haces inexpugnables.

Me gusta mucho The fooler porque entre toda la bruma, la cortina, el decorado, entre todos los elementos aparentemente ilógicos de los sueños están todas las cosas importantes. Todas esas veces en las que haces el tonto por intentar ser el más listo, todas la veces que te equivocas y no sabes dar marcha atrás y huyes hacia adelante. Todas las partidas que pierdes por intentar ganar cuando ya te lo habían regalado todo de antemano.

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Tags: #música #VicenteGarcía

Seis canciones. 25 minutos de pura luz y pura música.

De mi forma de entender esas dos cosas.

Me he tenido que poner los cascos buenos antes de terminar la primera canción. Vicente García ha llenado cada segundo de este disco de detalles. De sonidos y silencios, de ondas concéntricas colándose hasta dentro.

Cada percusión, cada cuerda que vibra, cada sintetizador. Todas sus voces. Con esa calma de un año pandémico, mirando atardeceres a través de la ventana de ese ático en Bogotá lleno de su familia “de verdad” y su familia de músicos.

Cada vez conecto más con esa generosidad de buscar en los tiempos oscuros algo que nos calme y nos deslumbre. Lo contrario de la desgana. Todo ese cariño puesto en buscar y en probar. Encontrando sonidos nuevos, maneras nuevas que si lo piensas igual no son tan nuevas. Hay Caribe y hay new age y hay cumbia y hay folclore y raíces y herencia y referencias (noto hasta detalles traídos de Rosalía). Hay una paz de hombre con el secreto de la calma. Hay ninguna prisa, nada de ansia, lo repetitivo, lo meditativo. Tiempo para usarlo en algo que merezca la alegría.

Discos que te cambian el latido y la respiración. Que te llevan al sol pero también al mar. Lejos y dentro.

Gracias una vez más Vicente García por las certezas y la belleza