Sin espacios públicos de creación, experimentación y exploración

La mayoría de los espacios de la ciudad de Madrid, como seguramente los de la mayoría de las ciudades, están destinados al consumo. Un porcentaje pequeño de los espacios de la ciudad están destinados a la cultura. Otro porcentaje, esta vez ínfimo y casi inexistente, de los espacios de la ciudad están destinados a la creación y la experimentación colaborativa o individualizada, artística, cultural y personal de los ciudadanos. El bailarín no puede bailar y descubrir fuera de su escuela o sitios especializados. El actor de teatro físico no puede experimentar y practicar fuera de donde habitualmente asiste a los talleres de teatro físico. Los constructores artísticos, los que crean performances, los músicos, los que buscan experimentar su sexualidad, etc. no tienen un espacio público disponible donde poder crear, practicar, crecer y/o colaborar con personas de su misma disciplina o de otras o inclusive con gente que busca descubrir y explorar ámbitos desconocidos. No lo tienen porque no existe.

Los espacios de trabajo abiertos al público que sí que existen son las bibliotecas, lugares para trabajar sentado, de manera individualizada y si tienen sala de trabajo, grupal pero sin alzar la voz. Esto refleja que a nivel social no cultivamos ni damos protagonismo ni estamos familiarizados con el arte en toda su amplitud. Nuestros movimientos en el día a día se limitan a dos posturas fundamental: sentado y de pie. Esto nos limita. Limita nuestra creatividad, nos vuelve rígidos mentalmente y no nos permite conocernos ni conocer nuestro abanico de posibilidades y mucho menos explorarlo.

Al no existir espacios públicos de creación, experimentación y exploración artística y personal, el florecimiento y manifestación de la diversidad humana se frena y limita por la falta de oportunidades para colaborar, compartir y establecer sinergias.

No conocemos nuestro cuerpo, pues apenas lo utilizamos. Trabajamos intelectualmente, nos comunicamos utilizando como única vía comunicativa la verbal, a pesar de existir muchas otras. No utilizamos nuestro cuerpo para expresarnos de manera consciente, apenas nos tocamos ni tampoco estimulamos todos los sentidos de manera activa en la comunicación, al menos no de manera consciente. Como consecuencia, no nos conocemos, ni a nosotros ni al otro, en totalidad. ¿Quienes somos? Lo sabemos pero aún queda por descubrir.

Si se habilitasen espacios públicos de creación, experimentación y exploración facilitaría a las personas experimentar una experiencia humana completa, es decir, facilitaría descubrir y explorar todas nuestras capacidades como humanos, como personas, como seres sintientes. Facilitaría que fuéramos felices más habitualmente, que nos sintiésemos pletóricos y contentos con nosotros mismos. Potenciaría las relaciones humanas con carácter humano, es decir, relaciones cálidas, amorosas, creativas, ricas, auténticas y de calidad. Facilitaría que disfrutáramos en el día a día.

Como conclusión, el arte es necesario. No sólo recibirlo, sino sobretodo experimentarlo, crearlo, ser participes, descubrirlo y vivirlo. El arte, o más bien la creatividad, debe ser considerado como una dimensión o área fundamental del ser humano, que al igual que las demás dimensiones o áreas fundamentales, debe ser cuidada, mimada y cultivada de manera saludable para que en conjunto con las otras dimensiones o áreas poder desarrollarnos en plenitud y ser felices.

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