Más allá de lo funcional

Soy psicólogo. En psicología hay muchas corrientes y por tanto muchas maneras de entender y ayudar a la persona en terapia. En estos momentos estoy reconciliándome conmigo mismo en cuanto a mi visión principal y por tanto aceptándola al mismo tiempo que la estoy integrando con la visión aparentemente más popular que es entender y ayudar al ser humano únicamente desde lo funcional y/o para que sea funcional. ¿Cuál es mi visión del ser humano? Entiendo al ser humano como un todo inseparable e irreducible (me refiero a la parte biológica, la psicológica, la emocional, la social y la espiritual) y como un ser sagrado (como el resto de los seres de la existencia) que busca ser feliz, estar bien, amar y ser amado, tener un sentido en la vida, transcender, divertirse y disfrutar de la vida y que merece el máximo de los respetos y el máximo de los cuidados realizados desde el amor. De hecho me gustaría citar a una profesora de universidad que dijo lo siguiente:

“Toda intervención terapéutica es un acto de amor. Y desde el amor siempre se va a poder ayudar a la persona” – Almudena, profesora del máster.

Además, tengo la certeza que el ser humano busca Ser el mismo para vivir y estar en armonía y plenitud y como decía alguien que no recuerdo:

“El cambio ocurre cuando el paciente se convierte en lo que es, no cuando trata de ser lo que no es”.

A lo que voy con todo esto es que no se puede entender al ser humano como un conjunto de síntomas que le impiden ser funcional y entenderlo como un conjunto de variables desde una visión únicamente molecular. El ser humano necesita realizarse más allá de tener o no síntomas. Necesita darle sentido a su vida. La psicología debe ayudar a la persona a conseguir esto aparte de que sea funcional y que tenga un comportamiento adaptativo. La psicología debe entender al ser humano de manera global, integral, trascendente y desde una visión macro y también micro.

Lo grave de buscar únicamente que el ser humano sea funcional es que hay, a mis ojos, un similitud implícita con ser productivo y eficiente y se alinea, bajo mi opinión, con la obsesión imperante en la sociedad con la productividad y la eficiencia en todos los ámbitos. Saliendo de la psicología para referirme a la sociedad occidental (quizás otras sociedades les pase lo mismo), esta obsesión con la productividad y la eficiencia hace que cada vez más entendamos el mundo y nos relacionemos con este como un conjunto de variables cuantificables y demostrables, haciendo que perdamos una visión global u holística del mismo para concentrarnos como miopes únicamente en la visión micro y volviéndonos intolerantes con la visión macro y simbólica, o dicho de otra manera, con todo lo que no sea productivo, eficiente, cuantificable y demostrable.

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