La opinión de Claudio

competitividad

Socialmente estamos presionados para obsesionarnos, temer y amar la competitividad. La competitividad es tensión. La competitividad es innecesaria porque realmente sólo se va a necesitar de verdad, en plan o compito o me lo quitan, en muy contadas ocasiones. Lo que nos proyectan es que la competitividad, es decir la posibilidad de que nos quiten lo que hemos conseguido o sobre todo lo que vamos a conseguir, estando en juego nuestra propia persona, es permanente y continua. Lo que es bueno, realmente bueno es la colaboración. Con la colaboración no te agotas, te revitalizas, te suma, te aporta, sumas fuerzas, no restas. La competitividad no es necesaria, la colaboración sí y es saludable, al contrario que la competitividad, que es tóxica incluso para el sistema inmune por la tensión, odio, miedo y otras emociones generadas a raíz de ella. La colaboración es vitalidad y es disfrutar. La competitividad continuada es sufrimiento.

Nos han metido el miedo a compartir abierta y naturalmente con los demás por miedo a perderlo todo y que nos ganen “ventaja” (qué absurdo). Cuando colaboro me siento bien y los demás también. Cuando colaboro todos ganamos y nadie perdemos. Con la competitividad sólo “gana” (qué obsceno) el debilitado.

La competitividad es ganar-perder y sufrir ambas partes que están en conflicto así como perpetuar el conflicto. Colaborar es sumar e incluso multiplicar en positivo en diferentes medidas; nunca restar.

La competitividad es perversa.

#competitividad #colaboración