Juanma escribe

desafios

Descripción del desafío

Este reto parte de la anécdota popular: Kafka se cruza con una niña que llora porque ha perdido su muñeca, le asegura que “se ha ido de viaje” y promete traer una carta “escrita por la muñeca”. Al día siguiente vuelve al parque con la carta, y así durante varias semanas, sosteniendo la ficción hasta encontrar un final que no rompa el hechizo.

Como esas cartas no se han conservado y no ha sido posible recuperar el rastro de la niña ni del texto, el episodio ha quedado abierto y fértil: muchos autores han imaginado contenidos posibles para esas cartas y han propuesto desenlaces distintos, precisamente porque el hueco invita a completarlo con literatura.

El reto: escribe la carta “de mañana” que, por el giro del relato, no podrá llegar hasta que la niña sea adulta. La carta debe traer maravillas del futuro, sí, pero sobre todo debe traer prueba: la confirmación de que aquel banco, aquel llanto y aquella historia existieron.

Lecturas de referencia: UNED · Cultura Inquieta · Cervantes Virtual

El texto

El escritor durmió mal aquella noche, peor que otras. A los habituales ataques de tos se le sumó la excitación: iba a entregarle a Lilí la que sería la última carta de Marlene. Se levantó temprano. Se abrochó el abrigo y salió a la calle. En el parque se repitió el ritual de las casi veinte cartas previas: el sobre agitado en alto al ver a la niña acercarse, las manos pequeñas y ansiosas arrancándoselas, la petición de siempre: —¿Me la lees?. El escritor humedeció los labios. Le costó empezar. “Querida Lilí: Llevo muchos días contándote mis aventuras en el mundo de los muñecos. Te hablé de como conocí a otro muñeco de madera. Te conté que cada vez que decía una mentira le crecía la nariz. De de un soldado de plomo al que le faltaba una pierna y que estaba enamorado de un bailarina de porcelana que daba vueltas. De la triste historia del estudiante que se enamoró de Olimpia una muñeca tan perfecta que parecía una persona. Hoy me he encontrado con un señor muy peculiar. Dice que es Barón, y cuando lo dice lo pronuncia como si se pusiera un sombrero invisible. Se llama Barón de Münchhausen. Sé que ese nombre suena a cuento, pero él habla como hablan los cuentos cuando quieren que los creas: despacio, mirándote a los ojos, sin pedirte permiso para lo imposible. El Barón me ha prometido un gran viaje al futuro. “¿Al futuro?”, le pregunté. Y él se rió con una risa que parecía una cuerda tensándose para saltar. Me dijo que allí hay cosas maravillosas que todavía no tienen sitio en tu mundo: luces frías, cartas que corren más que los pies, ventanas que guardan voces. Dijo también que las personas parecen muy seguras por fuera… pero que por dentro siguen necesitando lo mismo que tú necesitas ahora: que alguien les diga “no pasa nada, estoy aquí”. Yo pensé en ti enseguida. Te escribiré mañana, como llevo haciendo desde que me fui, hace ya casi tres semanas. Pero tengo que contarte un secreto: para mí, mañana será un día del futuro. El Barón dice que hay viajes que se hacen con las piernas y viajes que se hacen con el tiempo. Y que cuando una cosa viaja con el tiempo, el calendario se vuelve como una escalera larguísima: tú empiezas a subirla ahora, pero yo ya estaré más arriba cuando escriba. Por eso, aunque yo te escriba en mi mañana, esa carta no podrá llegar a tu mañana. Las cartas —me explicó el Barón— saben viajar por el espacio (cruzar calles, ciudades, mares), pero no saben viajar por el tiempo. No pueden saltar años como si fueran charcos. Tienen que esperar, igual que esperan las semillas bajo la tierra. Así que te llegará cuando tú también hayas hecho tu propio viaje en el tiempo: cuando seas adulta. Yo sé que suena triste. Pero no lo es del todo. Te lo prometo. Porque cuando esa carta llegue, traerá consigo las maravillas que yo haya visto. Y también traerá algo más importante: la prueba de que el día de hoy fue real, de que este banco existió, de que tu llanto no se perdió en el aire, que alguien lo recogió, y de que yo no fui solo una cosa extraviada, sino una historia que decidió seguir andando. Para que reconozcas mi carta cuando por fin te encuentre, guarda una cosa pequeña de hoy. Lo que tú quieras: una hoja del parque, una cinta, un botón, una piedrecita lisa. Guárdala donde guardas los secretos buenos. Cuando la carta llegue, esa cosa y tú se mirarán y sabrán: “ah, sí… era verdad”. Ahora tengo que despedirme. No como se despiden los objetos que desaparecen, sino como se despiden las personas que se prometen volver a hablar, aunque sea desde muy lejos. Si alguna vez te parece que me he ido demasiado, acuérdate de esto: no me he ido de ti. Me he ido hacia un sitio desde el que podré contarte más. Te dejo un abrazo pequeño, de esos que caben en un bolsillo y no se rompen.

Marlene, tu muñeca viajera.

P. D.: Si al leer esto ya eres mayor, por favor, no te rías de tu antigua tristeza. Fue grande porque tú eras pequeña. Y eso es exactamente lo que la hacía importante.”

El escritor vio un destello de alegría en la niña mientras se iba, como los otros días, abrazando la carta. La vio alejarse. La vio crecer. Convertirse en una hermosa joven de mirada noble. La vio, ya mujer, con una niña en la cuna mientras le leía las cartas que una vez le escribió su muñeca. Una tos seca le volvió a la realidad. Se llevó el pañuelo a la boca, lo separó y vio la sangre. Cada vez mas densa y oscura. Y el escritor supo que ya no le quedaba mucho tiempo.

Reflexiones sobre el desafío

Mi principal objetivo era crear una despedida sin que se rompa el hechizo. Que la niña (Lilí) no sintiera que estaba leyendo una despedida
sino una promesa: que había otra carta esperándola en algún lugar del porvenir. Pero esa carta no es solo papel retrasado; es su madurez.

Quería que llegara “cuando sea adulta”: cuando ya sea capaz de mirar atrás y entender que todo aquello fue una fantasía —sí—, pero una fantasía verdadera en lo importante. Que entonces, y solo entonces, caiga la revelación completa: que un desconocido se tomó en serio su sufrimiento, lo trató como algo digno de cuidado, y le construyó un puente de palabras para atravesar la pérdida.

Esta anécdota es una fuente de relatos. Abro un tag para ir publicando las otras cartas de la muñeca. (un tag es un compromiso de continuidad)

Créditos © 2025 Juanma Menéndez
Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC BY 4.0) .
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y distribuida en cualquier medio o formato, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.

#desafios #kafkaylamuñeca

Entrenamos economía, subtexto y un final con doble lectura: una sola palabra que deja eco.

Descripción del desafío

Consigna: Construir un microrrelato con la palabra recompensa. No basta con “meterla”: haz que cambie el sentido del texto y que el cierre deje una duda viva.

Límites:

  • Máx. 120 palabras
  • 1–3 párrafos (sin explicaciones)
  • Incluye la palabra exacta: recompensa
  • Final ambiguo (dos interpretaciones posibles)

Objetivo técnico: subtexto + ambigüedad controlada + imagen potente (mostrar, no narrar).

Relato surgido del desafío

La metralla le arrancó medio rostro, pero aún respiraba.

Su capitán le susurró al oído: “Aguanta, muchacho. Hay recompensa para los valientes.”

Murió antes de entender si hablaba de gloria o de dinero.

Reflexiones sobre mi relato

Lo que funciona: la primera frase abre con una imagen física brutal (impacto inmediato), y la palabra recompensa llega cargada de promesa… o de manipulación. El cierre no “explica”: deja al lector trabajando.

La clave técnica: la ambigüedad está anclada a un único punto: ¿qué significa “recompensa” en guerra cuando quien la promete tiene poder sobre ti?

Notas de revisión (opcional)

Checklist rápido (para tu propia versión):

  • ¿La palabra recompensa “pesa” en la escena (no es decorativa)?
  • ¿Hay una imagen concreta (gesto, objeto, herida, sonido) que haga real el momento?
  • ¿El final abre dos lecturas sin que ninguna sea “la correcta”?
  • ¿Quitaste toda frase que explique lo que el lector ya puede inferir?

Si lo escribes, pégalo en comentarios y dime: ¿qué interpretación quieres que duela más?

Créditos © 2025 Juanma Menéndez
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#desafios

Metaficción: cuando un personaje intenta escapar del propio texto, ¿quién manda de verdad?

Descripción del desafío

Consigna:

Escribir un relato que contenga esta frase: "Y salió de la habitación. Y de la historia".

Límites (sugeridos):

  • Extensión sugerida: 600–1200 palabras
  • POV: libre (elige el que sostenga mejor la extrañeza)
  • Incluye la frase obligatoria exactamente, sin cambios
  • Opcional: úsala como cierre para que funcione como “corte a negro”

Relato surgido del desafío

—¿Quién eres tú? —preguntó el Director, apenas alzó la vista del libreto.

—No lo sé aún —respondió el recién llegado.

En el escenario, seis personajes discutían con vehemencia su destino: uno acusaba, el otro lloraba, aquel renegaba. Voces tejidas con angustia que buscaban un sentido a su existencia.

Pero él, el séptimo, no decía mucho. Se mantenía al margen, como quien duda de su propio papel.

—¿No vienes con ellos? —insistió el Director, irritado.

—No. Ellos tienen historia. Yo solo tengo conciencia.

La sala quedó en silencio. Los demás personajes se miraron entre sí con desconcierto; nadie se había fijo en él.

Era alto, delgado, pero poco definido, como si no estuviera acabado del todo.

No tenía nombre.

No tenía papel asignado. No lloraba, no gritaba. Solo pensaba. Y eso incomodaba a todos.

—Mira —le dijo uno de los personajes—. Si no estás dispuesto a sufrir con nosotros, no tienes derecho a existir aquí.

El séptimo personaje la observó con compasión. Luego miró al Director.

—¿Y si yo no quiero ser escrito?

Las luces temblaron, como si la pregunta hubiera trastornado el equilibrio de la escena.

—No puedes irte —musitó el Director—. Si estás aquí, es porque alguien te pensó. Aunque sea un borrador.

—¿Y si sólo fui una duda?

Nadie respondió.

Entonces, el personaje número siete caminó hasta el fondo del escenario. Allí, una puerta de la escenografía parecía más real que todo lo demás.

— No ser parte de esta obra… también es una forma de existir.

Giró el picaporte. Miró una última vez hacia los demás, todos congelados en su drama eterno, condenados a repetir cada línea mientras alguien los recordara.

Y salió de la habitación.

Y de la historia.

Escena en penumbra: un director en primer plano observa a varios personajes sobre un escenario

Reflexiones sobre mi relato

Mi primer impulso fue irme a la Historia con mayúscula: grandes acontecimientos, un “salir” épico, un giro de época. Pero, tras varias vueltas, nada terminaba de encajar con una frase tan breve y tan cortante.

Así que bajé a la historia con minúscula: una habitación, un recinto, una despedida. La idea inicial era simple: alguien sale y, con eso, se rompe una relación. Pero el artículo me descolocó: “salió de la historia” no suena íntimo; suena absoluto. No habla de “su” historia, sino de “la historia” como sistema.

Y ahí apareció la solución: solo un personaje puede salir de la historia… porque su existencia depende de estar dentro de un relato. Si sale, deja de ser recordado, deja de ser leído, deja de repetirse.

Enseguida me llevó a pensar en esos personajes que discuten con su creador, que reclaman un destino propio: la estela de Pirandello estaba ahí, inevitable. Entonces llegó el Séptimo: no viene con drama, viene con conciencia. Y en un escenario, pensar —no actuar— es la verdadera rebeldía.

Notas de revisión (opcional)

Ideas por si escribes tu versión: – Presenta “la habitación” como algo concreto (una cama, un foco, un olor) antes de abrir la puerta metafórica. – Haz que la frase obligatoria funcione como cierre: que sea un gesto, no una explicación. – Da una pista física de la ruptura del guion: luces que tiemblan, utilería que “miente”, silencio que pesa. – Cierra con una consecuencia: ¿qué pierde (o gana) el mundo cuando alguien sale de la historia?

Créditos © 2025 Juanma Menéndez
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y reutilizada, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.

#desafios

Consigna:
Escribe un relato breve que debe incluir la frase:
“Y se despidieron como si nada, como si esas pequeñas marcas ya estuvieran allí antes”.

Se cruzaron en medio de la autopista.
Ella con una mochila de tela y un mapa arrugado.
Él llevaba una guitarra colgando del hombro y una brújula con el cristal roto.
Haciendo autostop. Él iba al norte, ella iba al sur.
Durante una tarde compartieron el mismo auto, la misma música en la radio, el mismo sol bajando sobre los campos abiertos.
Ella le habló de Grecia, de un poeta que escribía poesía sin haber leído nunca un libro.
Él le dijo que dormía en casas ajenas, que no sabía bien qué buscaba, pero que se sentía cerca de encontrarlo.
Cantaron juntos una vieja canción. Una canción que sabían cómo empezaba, “C'est un beau romance, c'est une belle histoire…”. Pero no recordaban cómo acababa.
Ni se preguntaron ni se dijeron nada más.
Al llegar al cruce de caminos, ella bajó primero.
Él le dio un mechón de su pelo, sin palabras. Ella se lo guardó entre las páginas del mapa, justo en la ciudad donde nunca pensaba ir.
Ella sonrió y le dio uno de sus pequeños pendientes. Él lo ajustó con cuidado en el eje de su brújula.
Y se despidieron como si nada, como si esas pequeñas marcas ya estuvieran allí antes

Carretera al atardecer

La frase para este desafío me trajo a la memoria la canción “Une belle histoire” de Michel Fugain. Aunque a mí la versión que más me gusta es esta:

Une belle histoire cover Manouchedrome ft. Sofia Braila - Une Belle Histoire

Él va al norte, hacia la niebla; ella al sur, hacia el sol. En medio del relato hay una inserción “en vivo” de la canción: ellos recuerdan cómo empieza (se han encontrado en el camino), pero no saben cómo termina (se separarán y cada uno seguirá el suyo).
Al final lo único que queda son unas marcas: objetos diminutos que funcionan como prueba, como ancla, como recuerdo físico. Me gusta esa sensación de destino suave: que, tras el cruce, parezca que esos detalles no se “añaden”, sino que siempre estuvieron ahí, esperando a ser revelados.

#desafios

Créditos © 2025 Juanma Menéndez

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Un microrelato, una llamada imposible y un giro final tierno y doloroso a la vez.
En este desafío vas a escribir un relato a partir de un texto disparador que aparece en una imagen, trabajando la voz íntima, el subtexto emocional y el mostrar antes que explicar.


¿Qué es el desafío «Llamada»?

Este desafío consiste en escribir un relato breve a partir del texto que aparece en la siguiente imagen. La idea es que uses ese texto como disparador narrativo: puede ser una transcripción de la llamada, una nota encontrada, un recuerdo, una grabación, etc.
La regla de oro: no expliques la emoción, muéstrala a través de detalles, acciones, ritmo y silencios.

Imagen disparadora

Texto del desafío «Llamada desde el cielo»


Y escribí este relato

Este es un posible resultado del desafío, a modo de modelo. No es “la forma correcta”, sino una entre muchas que puedes explorar:

Cogió el teléfono.
—Manuel, soy yo. Te llamo para recordarte que no se te olvide darle de comer al gato. Si no tiene comida, se va por ahí, y un día lo atropella un coche. Bueno… en realidad te llamaba por otra cosa.

En la alacena, detrás de los tarros de mermelada de tomate —ya sé que no te gusta—, hay un sobre. Es el dinero que fui guardando de las sisas de la compra.

No te enfades, Manuel, ya te imagino frunciendo el ceño. Iba a ser para nuestras vacaciones, ¿te acuerdas? A esa ciudad rusa con nombre de santo… nunca me sale. Era para cuando cumpliéramos las bodas de oro.

Pero ya no va a poder ser.

Lo que quería decirte es que uses ese dinero. Ve con los niños, las nueras, los yernos y los nietos a la playa. Que estéis juntos, que lo celebréis. A mi salud.

Bueno, te dejo, que aquí me están metiendo prisa. Dicen que las conferencias del cielo a la tierra cuestan un dineral.

Te quiero. Te espero aquí. Pero sin prisa, ¿eh? Disfruta ahí abajo mientras tanto.

¡Ah! Y no te olvides de cortar los esquejes de los geranios en primavera.

Detalles en que fijarse:

  • Cómo no se menciona la palabra “muerte” en ningún momento.
  • Cómo los detalles domésticos (gato, mermelada, geranios) construyen una vida entera en pocas líneas.
  • Cómo el tono se mantiene ligero y cotidiano, incluso cuando entendemos lo que realmente está pasando.

#desafios

El binomio fantástico es una de las técnicas creativas más conocidas de Gianni Rodari en Gramática de la fantasía (1973). Consiste en combinar dos palabras que no guardan relación entre sí para forzar una conexión inesperada que dispare la imaginación y genere historias, personajes o situaciones.

Las palabras que han salido para este desafío son

  • Canela
  • Bonita

Con ellas he montado este microrrelato


Era guapa, incluso se podría decir que era bonita, pero no me sentía atraído por ella. Y eso no cambiaría, por muchas gotas de canela que vertiera cada tarde en mi café, convencida de que el mito surtiría efecto. No se daba cuenta de que el deseo no se cocina en tazas humeantes, sino en rincones donde la química es espontánea.

#desafios

Textos nacidos en taller: consignas breves, límites claros y el placer de probar voces nuevas. Aquí reúno mis ejercicios de escritura y lo que aprendí al hacerlos.

Cómo funciona

  • Cada desafío parte de una consigna (imagen, palabra, estructura o restricción).
  • El texto resultante es breve (≤ 800 palabras) y va acompañado de una nota de proceso.
  • Cuando la consigna sea abierta, invitaré a quien lea a sumar su versión en comentarios o en redes.

Índice (en crecimiento)

  • El armario de Jaime
  • (Pronto) Canela bonita
  • (Pronto) La nariz torcida

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